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24 de noviembre de 2012

EL MUNDO CUÁNTICO (capítulo 22)



NÁKOREEN” EL PIONERO ROBÓTICO

Sobre el Puerto de Turritela una franja anaranjada en el cielo, anunciaba el crepúsculo matutino frente a las aguas del Golfo de México, en tanto que el sosiego de la aurora contrastaba con las olas del mar, que se agitaban con furia sobre la playa. El moderado viento del amanecer en breves instantes se había convertido en tremendo ventarrón, arrastrando con todo lo que se encontraba a su paso. Montones de arena golpeaban sobre los cristales de la casa de la playa sin que Pamela se percatara de ello, pues el rugir del viento mitigaba los sonidos habituales como el ruido de la cerradura, que un sujeto con la cabeza cubierta accionaba en la entrada principal de la residencia.

El hombre abrió la puerta y tras de él tres personas enfundadas hasta las orejas penetraron presurosas al vestíbulo, que en unos segundos había quedado tapizado de fina arenilla. Cuando Ferdinán se despojó del rompevientos que traía puesto, vio a Pamela profundamente dormida en la sala. Se aproximó a ella con gran sigilo para no despertarla, pero en ese instante la señora Perilló abrió los ojos y se arrojó a los brazos de su esposo.

-Fer, mi amor ¿por qué no me hablaste?
-Quería darte una sorpresa -Me encantan tus sorpresas. -Dijo Pamela- visiblemente apenada al tiempo que se componía el cabello y se alisaba la ropa que llevaba puesta del día anterior.
-No te preocupes pequeñita aún es temprano, que te parece si te arreglas mientras Yara y Romelia preparan el desayuno. Te adelanto que tenemos mucho que celebrar. ¡Ah! y otra sorpresa… tenemos visita.
-¿Alguien que conozco?
-No, le dio un beso –y le dijo- la cita es en la cocina.
-¿Me trajiste lo que te pedí? -Alcanzó a decir Pamela cuando ya se retiraba Ferdinán.
-Sí, no te demores preciosa.

Pamela colocó un separador de papel hecho a mano que había adquirido en alguna tienda de artesanías para indicar la página de su última lectura. Cerró el libro y lo depositó con esmero en una cómoda de la recámara, puso orden en la mesa y guardó la linterna en un mueble de la sala. Una hora después hacía su aparición en el lugar acordado por Fer. La madre y la hija la saludaron de forma cordial desde la mesa de servicio, donde daban los últimos toques a la presentación de los platillos que se disponían llevar a la mesa del ante-comedor. Ferdinán se levantó y le dijo señalando a un sujeto que llevaba puesta una cachucha de los Medias Rojas de Boston.

–Él es Nicholas Dafra.
-Hola Pamela –dijo el invitado en tono muy amistoso- yo sé mucho de ti por lo que me ha contado Ferdinán y supongo que querrás saber algo de mí. Bueno, soy ex alumno del MIT, músico de medio tiempo, cocinero por vía genética, circunstancialmente hacker, criptólogo aficionado y anarquista de tiempo completo.
-¡Ah! Grandioso, mucho gusto.
-Se le olvidó decir que es filósofo autodidacta y un genio en Inteligencia Artificial. -Añadió Ferdinán muy satisfecho.
-Romelia sírvanos por favor. -Ordenó Pamela sin hacer ninguna observación al último comentario de Ferdinán.

-Supongo que también eres geek. –Agregó Pamela sin preámbulos.
-Reconozco que me enloquece la tecnología y que a veces puedo parecer un pirado informático. Pero no creo encajar estrictamente en el contexto geek.
-¿No te sientes geek porqué te consideras hacker circunstancial? -Le preguntó Pamela con verdadero interés.
-No me siento geek porque no me lo he propuesto. Lo de hacker se dio porque al papá de un amigo lo involucraron en un penoso asunto ilegal a través de Internet, yo logré esclarecer el problema accediendo a toda clase de archivos de los facinerosos, salieron muchos trapos al sol y mucha gente inocente se vio afectada.
-Entiendo. –dijo Pamela.

Ferdinán pensó que era el momento de intervenir, así que consideró que un buen tema de sobremesa sería hablar sobre la financiación del proyecto de investigación, con el que se pensaba llegar a algunas áreas del conocimiento por el conocimiento mismo. El objetivo era harto arriesgado ya que carecía de aplicación práctica. La intención era establecer niveles de abstracción que posibilitaran formulaciones hipotéticas, que podrían utilizarse posteriormente en el desarrollo y progreso científico, para el mejoramiento de los seres humanos.

El café se sirvió en la sala en un ambiente más cordial y relajado, Pamela confiaba por entero en el buen criterio de Ferdinán, por lo que juzgó necesario de su parte creer en la capacidad de Dafra. Fer habló sin mucha formalidad del tema de los juegos y juguetes inteligentes que soportarían la base económica del proyecto de investigación.
-Nuestro pionero robótico en el reino del mundo infantil es “Nákoreen”. –Dijo Fer sacando el prototipo de un empaque muy gracioso y elocuente respecto a su contenido.

El ratón mecánico era sin lugar a dudas un hermoso robot con bigotes de alta tecnología. En otro compartimiento de la caja había un buen pedazo de queso artificial. Ferdinán le entregó el queso a Pamela -e inmediatamente le dijo- escóndelo en cualquier lugar del piso de la casa. Pamela se retiró con la vianda mecánica y la colocó en su habitación debajo de su cama. Cuando regresó a la sala Fer le entregó a Nákoreen. El simpático roedor ya estaba activado, así que Pamela lo puso en el suelo cerca de sus pies y de inmediato el ratoncillo se alejó del lugar, haciendo simpáticos molinetes por toda la habitación.

En ese momento los tres se transformaron en niños que seguían con ojos encantados los correteos ágiles del robot. Movieron las mesas de centro, las sillas del comedor, un par de lámparas de piso y todo lo que pudiera interrumpir el paso del recorrido inteligente de Nákoreen, que en pocos minutos, muy a pesar de sus esfuerzos por entorpecerle el camino, no tuvieron más remedio que seguirle hasta el interior del dormitorio. Cuando el ratón se introdujo debajo de la cama, Pamela, Ferdinán y Dafra se agacharon lo suficiente como para meter más de la mitad de sus cuerpos bajo el lecho. Así pudieron ver como Nákoreen sentado en sus patas traseras, tomaba un pedazo de queso y lo agitaba entre sus manos al tiempo que decía “el queso es mío”.

Los tres tumbados en el piso celebraban con risas la robótica hazaña mientras Romelia, que había entrado a la habitación para guardar una ropa repetía para sus adentros. -¡Qué juventud la de ahora! Los tres adultos transportados por un instante a su infancia regresaron a la sala, tras el ventanal pudieron ver a un intrépido en la playa, que trataba de permanecer de pie asido a una palmera frente a los vientos huracanados de más de 130 Km. por hora. Era un poco más de las dos de la tarde y para amenizar la plática Ferdinán puso música de Enya y sirvió tequila, Pamela trajo unos platos con queso, aceitunas, pan y carnes frías. De una carpeta Fer sacó unos papeles que le entregó a Pamela, donde se mostraba una relación detallada de los productos que darían lugar a la prometedora industria de juegos y juguetes “Makine”, con los que se estipulaba capitalizar el proyecto de investigación.

JUEGOS DE INGENIO Y AZAR

El señor Perilló pretendía llegar más allá del propósito lúdico como una actividad innata e inseparable de los seres humanos, desde su infancia hasta la vejez. Él quería hacer del juego una metáfora amigable para la expansión de la inteligencia, sus herramientas eran muy simples, estimular el desarrollo de las habilidades del pensamiento a través del símbolo y la capacidad asociativa, para generalizar respuestas mentales de alto nivel, algo que de suyo podía ya observarse en los pequeños de hasta tres años, que sabían manejar con bastante destreza juegos elaborados para la computadora. Entre sus aliados contaba por supuesto con los sistemas expertos, aunque le quedaba claro que Nákoreen aún no podía conseguir el camino más corto para llegar a su destino, ni siquiera entendía el porqué de su destino, no obstante, sí podían los niños y las niñas encontrar en el juego, una nueva forma de relacionar la ciencia con los objetos de su mundo cotidiano.

Frente a una necesidad creada del siglo XXI advertía un mercado potencial, que no excluía en lo absoluto a los adultos para los que había diseñado con la más alta tecnología, sofisticados juegos de ingenio y azar. Por lo pronto no descartaba la posibilidad de celebrar un jugoso convenio con McDonalds, un gigante de la comida rápida y con las grandes empresas de distribución mercantil, donde sin lugar a dudas le quedaban muy claras las reglas del juego a nivel mundial, así que estaba seguro de salir a flote en su propio barco navegando junto a Mattel, Hasbro, Bandai, Tomy, Lego y otros grandes del ámbito juguetero.

Muy pronto los juegos y juguetes de Makine estarían en todos los Wal-Marts, Toys “R” Us, Carrefours etc. Y aunque las etiquetas de sus productos decían “Made in China”, algunas piezas y componentes venían de Japón, Taiwán, Arabia Saudí, Estados Unidos y Europa. De estos dos últimos lugares se adquiría la mayor parte de la maquinaria, los moldes y las herramientas. Hong Kong entregaba el material en crudo a las factorías chinas, quienes posteriormente recogían la mercancía y la fletaban a los países de destino. La producción de juguetes estaría muy globalizada, de tal modo Makine no poseería ninguna fábrica o sitio de producción en ninguna parte del mundo. Desde un piso de oficinas en la ciudad de México se administraría la compañía juguetera, de tal modo la casa de las gárgolas permanecería como un bunker intocable para la investigación.

Después de hablar durante largo rato sobre logística, marketing, patentes y demás temas, Dafra abrió su lap top y dijo –Es hora de jugar. Pasaron a la mesa del comedor y ya dispuestos –agregó- falta una persona ¿nos puede acompañar la chica de la cocina? –solicitó amablemente a Pamela.
-Sí, claro. –Respondió la mujer, e inmediatamente se levantó y fue al estudio donde Romelia y su hija veían un programa de televisión.
-¿Yara puedes venir un momento?
-Sí señora. –Dijo la muchacha quién se sentó en la mesa frente a su patrona.

Nicholas Dafra repartió a cada jugador un pequeño tablero o comando que contenía nueve botones de un color diferente cada uno, más una serie de teclas que permitían escribir el nombre de cada participante, debajo de un marcador que indicaba el número ciento ochenta, y un panel que prometió explicar su funcionamiento sobre la marcha. Seguidamente colocó en el centro de la mesa una caja cuadrada de treinta por treinta centímetros y apenas unos seis de alto, en cuya superficie se veía tan sólo un cristal translúcido.

Dio por iniciado el juego al oprimir un botón de su comando, de inmediato surgieron de la superficie nebulosa de la caja seis cubos de colores de un aspecto tan inusual, que Pamela no resistió las ganas de tocarlos, pero sus dedos se encontraron solo a sí mismos, al mismo tiempo Yara intentó tocar los cubos y con gran arrebato apartó su mano al no sentir ningún cuerpo entre sus dedos.

-Como lo habrás adivinado pequeñita, es una trampa holográfica controlada por una sencilla computadora. –Le dijo Ferdinán a Pamela con una sonrisa de oreja a oreja.
-Pues si que nos han tomado por sorpresa. –manifestó la señora Perilló quién aún se frotaba las manos con agradable desconcierto. Yara había enmudecido y sólo atinó a cubrirse la boca con sus manos.
-No temas Yara, esto es tan sólo un juego.
-No me asusté señora Pamela, es que no sé si están o no están los cubos.
-Por lo pronto digamos que tus ojos pueden ver lo que tu mano no puede tocar. -Le dijo Nicholas a Yara. Y le aseguró explicárselo con gran detalle un día.

-Los cuatro vamos a jugar contra Baricoke, es decir contra el personaje que nos muestra sus seis cubos de colores –añadió Dafra y continuó sus explicaciones- Ahora nosotros debemos conjeturar cuáles colores exhibirá en la próxima jugada Baricoke, de los nueve que tenemos en la caja de comandos. Así que observen bien los que ha elegido en esta ocasión, para establecer un argumento que nos pueda ser útil en nuestra próxima elección.

-¿Quedó claro? –preguntó el joven de la cachucha. Y como todos asintieron incluyendo Yara –agregó- bueno, opriman solo tres colores de los nueve de su tablero que crean nos mostrará Baricoke. Yara veía a Pamela de reojo y a los otros dos jugadores que se mostraban muy seguros con su caja de comandos. Cuando Dafra se percató que la chica había seleccionado sus tres colores les dijo, ahora opriman el botón “aceptar”, de inmediato desaparecieron y volvieron a aparecer, nuevas imágenes holográficas de los seis cubos con distintos colores. En el panel de cada comando se mostraban los siguientes resultados: Pamela sólo pudo acertar un color, por lo tanto había perdido cinco puntos de los ciento ochenta, así que su record registraba ciento setenta y cinco puntos. Fer y Yara habían perdido 6 puntos, es decir, no le habían atinado a ningún color y Dafra había perdido solo tres puntos. -Lo siento –dijo Nicholas- tengo más práctica que ustedes.

El juego continuó llevándose a cabo el puntaje tal y como se lo había explicado Pamela a Ferdinán, en una ocasión por teléfono, solo que en vez de ganar puntos se perdían de una base de ciento ochenta. Por otra parte Baricoke jugaba independientemente contra cada jugador, sólo que él perdía la misma cantidad de puntos que el jugador atinaba en la elección de sus colores, de tal modo con el acierto de tres colores de Dafra, el jugador holográfico había perdido frente a Nicholas tres puntos. El juego terminó cuando Ferdinán perdió todos sus puntos quedando en último lugar, el cuarto lugar fue para Yara con sólo diecisiete puntos, en tercer lugar Pamela con treinta y tres puntos y en segundo lugar con sesenta puntos a su favor el joven de la cachucha, que escuchó al igual que todos, a una voz robótica que anunciaba al final del juego. -“gana Baricoke seguido de Dafra”.

-¿Es posible que alguien pueda ganarle al Baricoke? –preguntó Pamela. -Establecer una predicción al cien por ciento o muy aproximada mediante el pensamiento humano lo creo imposible por ahora –dijo Nicholas- estoy trabajando en un modelo de contra-Baricoke cuántico, un personaje provisto de IA que nos pueda garantizar el cincuenta y uno por ciento de aciertos, cantidad suficiente para ganar con una mínima ventaja, aunque estoy seguro que esto me puede llevar bastante tiempo. Por lo pronto he experimentado con sujetos ciegos y no, es decir, con personas que eligen sus tres colores como lo hemos hecho nosotros y con personas que no ven los colores del Baricoke, notoriamente las personas que ven los colores tienen muchos más aciertos que las que no lo ven.

-¿Crees que se pueda desarrollar un método o estrategia de juego que te garantice el mayor número de aciertos? –preguntó Ferdinán.
-Por supuesto, yo lo he aplicado ahora, pero aún tengo muchas dudas y necesito afinar muchos detalles. No sé si sea demasiado impetuoso de mi parte aseverar esto, pero pareciera que Baricoke hace “trampa”
-¡No juegues! Dijo Pamela lanzándole a Ferdinán una mirada un tanto irónica.
-¡No! no es broma, es algo muy serio. Veámoslo como un fenómeno cuántico ajeno a la realidad local, bajo estas circunstancias debemos entender que existen conexiones misteriosas entre los pensamientos de los participantes, en este caso, de nosotros. –dijo esto con cierta precaución temiendo agregar la siguiente frase- Es como si hubiésemos intercambiado información a la velocidad de la luz con Baricoke sin nosotros saberlo.

-¿Quieres decir que Baricoke hace trampa “porque puede ver, detectar o percibir” la elección de los jugadores? –preguntó en tono solemne Ferdinan.
-Me temo que sí… Imaginemos lo siguiente –dijo Dafra recargando su cabeza sobre su mano izquierda, al tiempo que levantaba la mano derecha señalando algún punto desconocido- Hay cuatro jugadores, por comodidad asignaré a los colores números del uno al nueve.

El jugador A escoge el 3, 2 y 1.
El jugador B selecciona el 1, 4 y 5.
El C el 6, 3 y 5 y por último el D el 3, 2 y 1.
Si Baricoke quiere ganar tendría que escoger el 7, 7, 8, 8, 9 y 9 quedándose a su favor todos los puntos. O tal vez, cualquiera de estos tres números repetido seis veces. Otra posibilidad menos drástica de Baricoke sería seleccionar 7, 8 y 9.
De los números restantes seleccionaría el 6 y el 4 porque entre los cuatro jugadores estos dos últimos números sólo fueron elegidos una vez.
Ya tiene cinco números, le falta uno, si quiere poner un número diferente tendrá que seleccionar entre el 5 o el 2 ya que ambos números sólo fueron seleccionados entre todos dos veces. Pero seguramente optaría por el 2 porque el jugador C tiene entre sus números el 6 y el 5.

-En resumen -dijo Pamela- si Baricoke escoge 7, 8, 9, 6, 4 y 2 cada jugador ganará solamente un punto.
-Que para Baricoke no es ni siquiera un rasguño –aclaró Ferdinan.
-Se me ocurre experimentar una estrategia de pensamiento colectivo (EPC) para intimidad a Baricoke –manifestó Dafra ajustándose la cachucha- debemos crear estados superpuestos que apunten a una realidad concreta.

-(Silencio colectivo) Finalmente preguntó Pamela –¿cómo es eso? -No veamos a Baricoke como un modelo macroscópico. Tenemos que internarnos en el mundo cuántico ajeno a eventos reales. Sé que no es fácil, pero imaginemos por un momento un mundo de acción donde todo fluye como una tendencia que no se concreta. Que no ocurre, son simplemente tendencias que están en constante movimiento, son posibilidades de algo que cuando se manifiesta es que ha surgido de las posibilidades preexistentes del mundo cuántico, de las potencias a través de la energía del pensamiento.

-Parece simple –murmuró Pamela -Perdone por interrumpir –dijo Yara que no había abierto la boca para nada.
-¿Baricoke piensa?
Todos rieron, después se hizo el silencio que rompió Dafra cuando dijo –Es posible Yara, todo hace suponer que estamos empezando a crear un puente que atraviesa los mundos de la mente y la materia, de la física y la psique. Estamos tentados a creer que hay una cierta relación del observador con el mundo observado, pero la realidad es que hay muchos mundos y no todos pueden emerger al mundo macroscópico.
-Te dije que también es filósofo –sentenció Perilló poniendo punto final a la conversación.

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