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16 de noviembre de 2012

SISTEMA COMPUNÉTICO (capítulo 8)



LOS SMUKs

Ferdinán Perilló pasaría el fin de semana con Pamela en el Puerto de Turritela. Llegó a la casa de la playa al mediodía, la dueña apenas si había descansado pero se le veía radiante y de buen ánimo. Romelia y Yara recibieron al patrón con gran regocijo, la comida se sirvió al aire libre bajo la sombra de una palapa frente a las aguas agitadas del Golfo de México. La conversación de sobremesa transcurría sin que Pamela tocara el tema de su amado e insólito cofre, en cambio Ferdinán estableció con tal fervor una interlocución por demás detallada de su reciente trabajo de investigación, mediante el cual experimentaría en la computadora un programa de inteligencia artificial capaz de realizar los procesos cognitivos humanos.

-Los SMUKs, dijo el joven Perilló con inesperada familiaridad, como si el advenedizo nombre le fuera cotidiano a su encantadora esposa.
-¿Los qué? -rió la dueña de buen agrado -Los SMUKs –repitió Ferdinán en tono solemne- son cuatro poblaciones de compunéticos los cuales aplicando reglas sencillas que deberán aprender y perfeccionar, le permitirán al más apto, adjudicarse el dominio del territorio y su equilibrada supervivencia. Hizo una pausa ante el asombro de Pamela que evidentemente tenía en la punta de la lengua una pregunta obligada.

-Los compunéticos -se adelantó el joven a la supuesta interpelación- son entes creados a partir de algoritmos genéticos y vida artificial.
-¡Ah, ya entiendo! ¿Son algo así como organismos que viven en un mundo virtual? -Exactamente pequeñita -dijo con un ademán de ternura posando su brazo izquierdo sobre los delicados hombros desnudos de Pamela- He diseñado un ecosistema muy sencillo contenido en un módulo 16, es decir en un espacio de cuatro por cuatro sectores. Cada sector contiene vías de acceso con determinantes tales cómo, secuencia válida, denegada e impedida. También los sectores establecen los parámetros de eliminación y reproducción.

-Me parece genial, pero no entiendo como estos entes puedan aprender a sobrevivir, por decirlo de alguna manera.
-Este es el meollo del asunto. Entendiendo bien el problema hay que establecer las características que debe poseer el sistema cognitivo artificial de tal modo que les permita el aprendizaje sin conocimiento previo.
-¿Y esto es muy complicado?
-No, si logro que cada uno de los compunéticos de las poblaciones eSe, eMe, aKa y aUa puedan interactuar con autonomía propia imitando algunas de las características de los seres vivos.
-Pues eso ya suena bastante problemático. –expresó Pamela con cierta incertidumbre. -No tanto, algunos investigadores ya han logrado suministrar a algunos programas de cómputo la capacidad de razonamiento o discernimiento muy aproximado a la inteligencia humana.

En ese momento Romelia se aproximó a la mesa para retirar el servicio, la seguía su hija Yara quién colocó un platón de generosas rebanadas de fruta fresca dispuesta con dispendio de buen gusto sobre hojas entretejidas de plátano, hierbabuena y menta. Inmediatamente regresó la madre de la muchacha con los platos del postre y una jarra de aromático café, preparado con vainilla y canela que inmediatamente sirvió en sendos jarros de barro. El benéfico aroma de la especie cultivada en la región Papantleca mezclado con sólidos trozos de agua miel de caña y café puro de grano, le dieron a la conversación el carácter circunspecto que Perilló solía optar siempre que se refería a temas que eran de su infalible especialidad.

-Básicamente se requiere establecer el conocimiento mínimo que debe poseer a priori el sistema cognitivo para obtener a partir de él, el máximo aprendizaje en el menor tiempo posible. -Dijo con la vista dirigida hacia el horizonte marino, centrando sus ojos claros tal vez en un punto distante donde la superficie azul del mar se confunde con el nítido cielo cuando está libre de nubes.

-Te refieres a un modelo similar como el del juego de la Serpiente, -preguntó Pamela con proclive interés.
-No, no, no... Nada que ver con modelos asociativos causa-efecto. Hizo una pausa prolongada como si le costara un gran esfuerzo despejar la maraña de sus pensamientos. -Finalmente dijo- Tiene que ser un modelo conexionista que favorezca el desarrollo autónomo de procesos implicados en la multiasociación gradual.
-Y supongo que piensas lograrlo con los SMUKs.
-Estoy seguro de ello. -Enfatizó Ferdinán que más que convencer a su esposa, establecía un reto consigo mismo.
-Lo vas a conseguir amor, te lo mereces por tu gran determinación y esfuerzo -dijo amorosamente Pamela que recibió a cambio de sus buenos deseos un apasionado beso.

EL MALECÓN DE PESCADORES

La pareja se retiró de la palapa enfilándose rumbo al malecón de pescadores. Un anciano y acaso su nieto, un pequeñín como de cinco años, probaban suerte con un par de anzuelos que habían sujetado a un hilo nylon cuyo extremo enrollaban raudamente en un tosco carrete de madera. El viejo lanzaba el anzuelo que tenía un vistoso contrapeso metálico lo más lejos posible, mientras que el niño lo dejaba simplemente caer al fondo de las aguas cristalinas que bordeaban el muelle.

A los pocos minutos el chaval sacó lentamente el anzuelo con un despistado cangrejo que se había sujetado a la carnada con sus poderosas tenazas. El niño agarró al crustáceo y lo echó sin más aspavientos en una cubeta llena de agua de mar. Al poco rato lo mismo, el chiquillo después de colocar un buen pedazo de carnada en el gancho, dejaba caer el anzuelo al agua y listo, rápidamente caía otro cangrejo mientras que el viejo no pescaba nada. Así estuvieron un par de horas, hasta que fatigados recogieron sus apeos de pesca y se dirigieron a los esposos Perilló que los habían estado observando desde hacía rato.

-Cómpreme mis cangrejos señorita -dijo el chaval mostrándole orgulloso la cubeta llena de vigorosos crustáceos.
-¿En cuanto los das? le preguntó Pamela interesada en la mercancía bien ganada con maña y pulso.
-A quince pesos la media docena –se apresuró a decir el chaval con su vocecilla gritona volteando a ver al viejo que asintió con un ademán de aprobación.
-¿Y si compro una docena en cuánto me la dejas? -preguntó Pamela más que regateando el costo de los mariscos, midiendo la habilidad comercial del chiquillo.
-Igual señorita, a quince pesos la media docena. -Increpó el niño y el viejo volvió a asentir con una sonrisa que acentuó todos los surcos añosos de su tez morena.

-Bueno, dame la docena -solicitó la dueña convencida ante la elocuencia del chiquillo que hizo con pericia inaudita dos atados de seis cangrejos cada uno. A su vez Pamela le entregó tres monedas de a diez pesos que el niño besó haciendo la señal de la cruz. Ya se retiraban cuando Ferdinán se dirigió al viejo preguntándole –¿Y de la pesca no hubo suerte? -Los peces ya casi no pican joven, los muy condenados aprendieron a cuidarse -manifestó el viejo con resignación aceptando lo inevitable. Se alejaron lentamente los lugareños frente a la mirada circunspecta de los esposos Perilló. El anciano arrastraba pesadamente su decrépito cuerpo mientras el niño lo sujetaba de la mano izquierda, al tiempo que con la derecha jugueteaba con la cubeta donde habían quedado aún dos cangrejos.

Llegaron a la casa de la playa al atardecer, Romelia recibió el atado de crustáceos que preparó al día siguiente en caldo de chilpachole. Después de una cena frugal, la joven pareja se encerró en el improvisado taller de Pamela quién con manifiesta exaltación, sin preámbulo ni explicaciones, retiró el paño que cubría su adorado cofre dejándolo inesperadamente al descubierto. Ferdinán enmudeció al instante. La luz artificial de las lámparas orientadas al centro del rosetón acentuaba de forma extraordinaria el brillo de las joyas que emitían destellos inusitados en todas direcciones.

Con temeroso movimiento Perilló recorrió ambas manos suavemente sobre la tersa superficie de madera en actitud respetuosa. Su esposa lo observaba en silencio, y en una disposición casi mística, juntos exploraron uno a uno los extraños e incomprensibles símbolos dotados de una belleza extraordinaria. Igualmente se arrobaron con las admirables y explícitas figuras de simetría perfecta, el dominio prodigioso de la técnica expuesta en cada uno de los materiales y la inaudita riqueza y selección de los mismos. Pero más aún fue su fascinación al advertir el misterioso sincretismo adoptado por las joyas en un acto sin lugar a dudas deliberado e inescrutable.

-¿Has leído el libro? -preguntó en voz baja Ferdinán temiendo romper el mágico hechizo que les producía la contemplación del magnífico arcano.
-No, bueno en realidad sólo algunas líneas al azar... está escrito en catalán, concluyó la frase Pamela sin saber realmente que decir.

-Quien poseía esta magnífica reliquia... -expuso pensativo el señor Perilló- Debió haber tenido una posición bastante desahogada... de tal modo no entiendo porqué… Hizo una pausa Ferdinán temiendo lastimar a su esposa con el comentario que iba a exponer, pero la dueña adivinó sus pensamientos y terminó la frase por él.
-Me abandonó -dijo Pamela con estoicismo.
-Perdón pequeñita, no quise ser tan hosco.
-No te preocupes, yo también lo he pensado, y no sabes como me atormenta el no entender nada. No sé que tiene que ver todo esto conmigo. Es más, no sé ni siquiera que debo hacer. -Demasiadas preguntas para un solo día, dale tiempo al tiempo amor, acaso la lectura del libro aclare muchas cosas. Ven, vamos a descansar, mañana será otro día.

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